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sábado, 16 de mayo de 2009

El Duque Negro. Visto por Hasieran.

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No podía dejar la ocasión y recordaros que Hasierain continúa con "El Duque Negro", sigue elaborando para cada uno de los cuadernillos esas fichas tan peculiares que le dan un rasgo de identidad, con ellas no deja de revalorizar algo que por si mismo ya es impagable.

En este número nos deja un apunte sobre el castillo de Monzón y el recuerdo de los Templarios. 

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Además de incluirnos una imagen tan gratificante como esta

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Puro derroche de ilusión y fantasía, el protagonista para el que no lo sepa es Raimundo de Santa Fe, un noble caballero de ascendencia astur, a quien inmortalizaron José Ortíz y Manuel Gago en 1957. 

Nos sumerjen en un mundo tan peculiar como el de la España de la Alta Edad Media, donde hablar de los encuentros y desencuentros entre moros, judíos y cristianos es quedarse un pelín cortos.

Otros enlaces para ser vistos y pasar un rato aprendiendo cosas: 

Hace ya tiempo que no os hablo de estos otros amigos que trabajan sendas bitácoras como poco singulares, pero un paseo y hacerse seguidor de la misma será todo uno:



lunes, 2 de marzo de 2009

El Duque Negro. Visto por L. Porras.

La historieta es un hecho social, porque es un producto de consumo y, también, de diversión y comunicación. Se lee un tebeo porque su lectura es gratificante.

Pedro Quesada

Subsistir como guionista en la España postbélica era un sueño irrealizable, máxime si tenemos en cuenta el sentido peyorativo que se le daba a la historieta, por eso es mucho más meritorio el trabajo de un guionista, que dentro de las limitaciones a las que se veía obligado, fue capaz de legarnos algunas de las mejores colecciones de nuestra historieta. Hace cincuenta años, en España, salvo excepciones, los guionistas eran galeotes de la maquina de escribir.

Luego de una fecunda experiencia en distintas series y distintos personajes, algunos de ellos de gran repercusión, tales como Pacho Dinamita; Tony y Anita, P. Quesada parece sentir la necesidad acuciante escribir sobre héroes atormentados entre los que destaca El Duque Negro, que ve a su padre asesinado por su propio rey y acabará contrayendo la lepra.

Para mí, "El Duque Negro" fue una sorpresa. Sus páginas eran la descripción de un héroe al borde de un abismo donde lo acechaban poderosas fuerzas oscuras, si bien al final se resuelve en una forma cuasi-milagrosa, que parece forzada y le resta cierta gravedad a lo que se presentó, durante toda la serie.

La problemática que se plantea para el estudio del cómic de posguerra, consiste en el adecuamiento a la realidad social imperante en la época de la creación de la historieta. De la historia de España sabíamos lo de Don Pelayo, los Reyes Godos, Isabel y Fernando, un poco del dos de Mayo y ya pasábamos al Caudillo. Nuestras asignaturas eran Religión, Moral, Educación Patriótica, Catecismo, Cara al Sol, también algo de gramática, geografía y aritmética. Por lo que difícilmente podíamos saber que con Alfonso II, que se presentaba como heredero de la autoridad de los reyes de Toledo sobre toda Hispania, comenzó elafianzamiento del reino de Asturias y que convirtió Oviedo en la capital del re ino y creó el obispado ovetense. Y que en su política restauracionista, organizó los cargos oficiales de la corte según la tradición goda. Y mucho menos que durante su reinado se descubrió en Iría la tumba del apóstol Santiago. Tampoco sabíamos que, según el anónimo autor de la "Crónica Albeldense" Alfonso II restauró en Oviedo "todo el orden gótico toledano, tanto en la Iglesia como en Palacio", ni que se distanció de las Iglesias toledana y franca, creando una nueva sede metropolitana en Lugo.

Y es en el reinado de Alfonso II "el Casto", sobrenombre motivado por no llevar a cabo matrimonio falleciendo sin descendencia, donde transcurren las aventuras-desventuras de nuestro héroe: Raimundo de Santa Fe, el Duque Negro.

Los críticos de arte relegan a la "historieta" como un subgénero, cuando de hecho, las publicaciones Infantiles ilustradas representaron en los años cuarenta y en gran parte de los cincuenta el factor cultural y la presencia artística más considerable de la vida en el estado español. Hemos de aceptar pues, con Cirici, que la importancia cultural de los tebeos en esta época sobrepasa con mucho lo anecdótico.

Aún que P. Quesada haga servir referencias históricas concretas, la temática del Duque Negro, entronca muy poco con la historia real de la época que representa. Naturalmente la lucha del bien contra el mal, ambos definidos por la particular mentalidad del protagonista, constituye la línea argumental de todas estas aventuras cargadas de situaciones violentas. Todo ello sin intelectualismos, sin complicaciones, si se quiere con un cierto maniqueísmo, que hace que los malos sean muy malos y los buenos muy buenos. 

En el Duque Negro hay de todo: violencia, acción, amor, ritmo y adecuados dibujos, tanto por parte de J. Ortiz como de M. Gago, pero sobre estos ingredientes, que sin duda atraerán a muchos lectores, está la HISTORIA.  Una historia  que se hace creíble y nos atrapa, a pesar de ese final, que como ya hemos dicho, cuasi-milagroso.


Censura y cultura de masas

La censura, tanto la interna al dibujante o guionista, como la externa proveniente de la editorial o de  estado, cercena, no deja a la historieta evolucionar hacia otros postulados más acordes con la realidad histórica.  Por lo que no tiene sentido culpar a los guionistas y dibujantes el que suministrasen al consumidor algo que constituía la misma base ideológica de la sociedad en la que tal cultura de masas apareció. Y si alguien considera "patéticos" los postulados y moral del régimen, no me parece lógico que se malgasten esfuerzos acusando a unos autores que hicieron solo lo que les dejaron hacer.

Si bien puede resultar cierto lo de que no existen historietas que solamente pretenden entretener. Ningún tebeo es inocente. Cualquier tebeo refleja de manera directa o indirecta, intencionada o no, la coyuntura bajo la cual ha sido creada. Es evidente que, como estamos hablando de historieta, los valores estrictamente historietísticos son los que realmente cuentan.
 
(o deberían contar) a la hora de considerar un tebeo como el Duque Negro.

José Ortíz

Ortíz demuestra en su aportación a la serie 
(10 números) gran capacidad tanto para la expresión como para la estética; conjugando ambas en una narrativa ágil y dinámica sin que nada rechine en los engranajes de la historieta por un inadecuado predominio de unos elementos sobre el resto, lo que propicia que su trabajo destaque sobre manera con apabullantes lecciones de planificación y montaje.

Doy por supuesto que el lector de este Boletín conoce de sobras la trayectoria profesional de José Ortíz. Por lo que no me planteo que es necesario recordar que formó parte de la llamada escuela Valenciana, que el lector de este texto sabe que es un historietista que aplica una metodología muy concreta en su obra, que sabe experimentar con el lenguaje narrativo, que  llegó a un punto de calidad gráfica bastante inusual.

Manuel  Gago

El trabajo de Gago, aún en sus más bajos momentos, era un dibujante con una profesionalidad contrastada, con unos dibujos de indiscutible calidad intrínseca, sus trabajos siempre presentan esa cualidad que muchos dibujantes no contemplan. Esta fue la clave de una popularidad sostenida durante años; la de ser un narrador nato, ameno y perfectamente 
capacitado para la realización de  historias de  aventuras. El rasgo característico de Manuel Gago es su enorme personalidad, de lo exageradamente reconocible de su huella.

La descalificación global de la obra de Manuel Gago de forma tan radical e intolerante, se torna en carta credencial de quienes la ejecutan, la ignorancia como mérito. El éxito a nivel popular de la obra de Gago, degenera eventualmente en lastre endémico, condenándola a la más cruel y obtusa de las descalificaciones.

Algunos críticos adoptan una cierta actitud de desprecio ante aquellos tebeos, especialmente con los de mayor tirada (con mucha diferencia) del mercado español. Sin embargo la media de calidad de ésta es realmente buena y consiguió lo que a otras les costo mucho o nunca lo consiguieron.

Porque a pesar de sus muchos sepultureros la obra de Manuel Gago, late y sigue viva.

Durante todo el tiempo de su máxima creatividad, 
jamás gozó del privilegio que se concede actualmente a todos los narradores: La libertad. ¿Que quizá los resultados no hayan sido todo lo esplendorosos que hubieran podido ser?. Que cada uno juzgue.

Quien esto escribe es un admirador de aquellos esforzados dibujantes de postguerra y ¡como no! de sus héroes de papel. Aquellos cuadernillos son un símbolo para muchos lectores de esa época, ya que durante muchos años esos tebeos fueron nuestra única distracción, con los que nos evadíamos de la miseria de larga noche de nuestra postguerra.

Cuando se habla del tebeo de estos años, se ven dos puntos de vista absolutamente contrarios, aparecen siempre detractores furibundos e irredentos defensores, por lo que en cualquier caso, lo mejor es dejar al lector que saque sus propias conclusiones. Así pues, saquen ustedes sus conclusiones.

A modo de conclusión

Las aventuras del Duque Negro  entroncan con la tradición de la aventura "de toda la vida", en la que no cabe la menor duda de la victoria del bien sobre el mal y la conquista de la chica por el chico (o viceversa). De lectura ágil y atractiva, El Duque Negro contiene todos los elementos que un lector exigente puede reclamarle a una serie. El guión de P. Quesada sabe agudizar la tensión y las expectativas necesarias para capturar al lector con una historia brillante

El Cruzado Negro se puede considerar como un buen tebeo y José Ortíz y Manuel Gago como dos de los grandes maestros de la historieta más allá de las mil y una interpretaciones que pone en entredicho el mal llamado cómic del franquismo.

L. Porras (gracias por tu colaboración)



    El Duque Negro. Visto por Manuel López.

    Memorias de mi infancia.

    "La censura y el medievo"

    El 1 de abril de 1939, Radio Nacional de España, radió para todos los españoles el parte del cuartel general de Burgos que anunciaba el final de la Guerra Civil Española.

    "Sobre España una alada victoria
    Va planeando un vuelo final.
    No es la acéfala estatua de Grecia
    Que en las rocas varada está;
    No es aquella que allá en Samotracia
    Alas tuvo y no pudo pensar.
    Es la nueva victoria de Cristo.
    Cruz y espada, piadosa y tenaz,
    Que rejunta, rehace y renueva
    De savias antiguas la España Imperial"

    Estos versos componen el Himno de la Victoria radiado por Felipe Sassone en Radio Nacional de España el 8 de agosto de 1939. Sin embargo estas estrofas son algo más que un poema, son la plasmación de la vergonzosa y vergonzante realidad de manipulación, censura, propaganda y adoctrinamiento a la que estuvimos sometidos durante los treinta y seis años de dictadura.

    1940/1949 Una década de hambre y de reconstrucción

    Al empezar los años cuarenta, Barcelona despertaba poco a poco de la pesadilla de la guerra, que había dejado en sus calles y en la piel de sus habitantes unas marcas indelebles. La represión se mantuvo con la máxima intensidad durante toda la década, con los fusilamientos diarios en el Campo de la Bota que duraron hasta el Congreso Eucarístico de 1952. El hambre de los últimos tiempos de la guerra se prolongó durante toda la década.

    Las ganas de sobrevivir

    Manuel Vázquez Montalbán, en el libro Barcelona, se refiere a la ciudad de los años cuarenta como una mezcla de dolor, miedo y ganas de evadirse de la realidad. "La ciudad sobrevivía y pretendía no escuchar los disparos de los pelotones de fusilamiento, no percatarse de las colas en la puerta de prisión Modelo ni de la destrucción sistemática de su identidad". Se quería olvidar la pesadilla que se había llevado a familiares y amigos, se quería recuperar la dignidad perdida. Las ganas de sobrevivir se imponían a cualquier otra consideración. Se trataban de encontrar un espacio donde olvidar.

    La censura tamizó las informaciones

    Para el régimen la imagen de una España unida y armónica fue una cuestión prioritaria. Se maquillaron los detalles macabros de la vida cotidiana, se eliminó lo soez y las alusiones a lo sexual y no solo en la prensa, sino también en la literatura, la historieta o el cine, donde el NODO era de proyección obligada.

    Ideología franquista

    El continuo falseamiento de una realidad desangrada por las secuelas de la guerra, tuvo gran incidencia en la enseñanza que se impartía en las escuelas. La Historia fue el arma política del gobierno. La enseñanza de la Historia de España durante el franquismo, tanto en la Escuela primaria como en el Bachillerato refleja esta afirmación. Los maestros debían ceñirse al programa y puntos valorativos establecidos por el Ministerio de Educación Nacional. Así mismo, los manuales de historia y enciclopedias utilizadas por estos, mostraban la interpretación oficial dada por el franquismo, que venía avalada por su condición de textos revisados por la censura.

    Estos libros de texto, en palabras de Rafael Valls eran "vehículos de socialización del alumnado, esto es, de transmisión de valores sociales y de la normativa imperante en tal momento histórico, que fueron utilizados como un elemento importante de adoctrinamiento ideológico por parte del Estado". Enseñar historia se convirtió, por lo tanto, en un instrumento de combate, cuyas armas eran la religión católica, la raza y el Imperio, todos ellos, conceptos inmersos en la genuina cultura de la España de postguerra.

    A través de la asignatura de "Historia" se intentaba introducir en la población juvenil una serie de cuestiones, fundamentales, para lograr la aceptación de la situación existente: ¿Qué es ser español?, ¿Por qué el franquismo?, importancia de la tradición histórica, etc.. Según Eladio García Martínez, una de las consecuencias de la guerra "fue el antihistoricismo, la negación de la Historia y con ella la influencia del pasado en el presente".

    "A nuestra Patria estuvo reservado el destino más glorioso de todos: descubrir el Nuevo Mundo y hacerle participe de nuestra cristiana civilización"

    Basado en principios psicológicos, se establecieron ciclos en la enseñanza de la Historia, de modo que en los primero o primeros grados predominará el estudio de los albores de la humanidad hasta el medievo:

    LOS REYES CATOLICOS.- Selección de los hechos más sobresalientes.-
    Conquista de Granada.- Incorporación de Navarra a Castilla: Unidad Nacional.
    El descubrimiento de América.- Biografía viva de Cristóbal Colón:
    España no le fue ingrata y los reyes le concedieron cuanto pidió.
    Biografía de Cisneros.- Estampas apropiadas.- Ideas claras y sencilla del Imperio Español."

    La fascinación que los niños sentíamos por los relatos de aventuras, nos hacia sugestiva la enseñanza de la historia medieval, que además de formarnos (sic), apuntalaba nuestra fantasía y la avivaba. Quizá ello explica la proliferación de colecciones de tebeos de tema medieval en nuestra posguerra: El Guerrero del Antifaz, El Capitán Trueno, Sangre en Bizancio, El Caballero de las 3 cruces, Flecha Negra, El Rey del Mar, El Paladín Audaz, Terciopelo negro, El Cruzado Negro, por ejemplo. Una de las muchas colecciones sobre el tema fue:


    El Duque Negro
    Ficha técnica
    Editorial Maga - 1957
    42 cuadernillos
    Dibujo: J. Ortíz (del 1 al 10)
    Manuel Gago (del 11 al 42)
    Guión: P. Quesada

    Protagonista:
    Raimundo de Santa Fe, el Duque Negro (Asturiano)

    Época:
    Hacia el año 800

    Personajes históricos:
    Alfonso II el Casto (759-842), rey de Asturias (791-842)
    Carlomagno (742-814), rey de los Francos (768-814)

    Alfonso II fue nombrado rey de Asturias tras la muerte de Silo gracias a la mediación de Adosinda, la reina viuda. Sin embargo, la juventud del monarca motivó que un grupo de nobles encabezado por Mauregato se hiciera con el poder, refugiándose el joven Alfonso en tierras alavesas. A la muerte de Vermudo I regresaba de nuevo Alfonso a escena, ahora con 32 años y mayor experiencia, haciéndose definitivamente con el trono.

    Efectúa incursiones por tierras musulmanas y sufre en sus Estados las de las fuerzas de éstos, que en los años 794 y 795 entran en Oviedo.

    Trata, sin éxito, de sellar una alianza con Carlomagno. En el 813 se descubre, cerca de Iría Flavia (Padrón), el presunto sepulcro del apóstol Santiago el Mayor, sobre el que Alfonso hace construir una iglesia, alrededor de la cual crece la capital religiosa del reino de León y lugar de peregrinación; la actual Santiago de Compostela.

    El sobrenombre de "El Casto" vendría motivado por su renuncia a las mujeres, falleciendo sin descendencia.

    Este es el marco histórico donde se desarrollan las aventuras de nuestro héroe: Raimundo de Santa Fe, el Duque Negro: "El más gallardo y desdichado de los paladines".

    Breve Sinopsis

    Raimundo duque de Santa Fe, ha sido criado por su tío el Rey en la creencia de que es huérfano, estando su padre enterrado en vida en la mazmorra de un solitario torreón por orden del mismo rey.

    Raimundo tras una serie de aventuras en la que conoceremos a Zulema, descubre la verdad, enamorándose de la hija del carcelero de su progenitor. Raimundo libera a su padre que es pronto asesinado por orden del Rey, debatiéndose, desde este momento, nuestro héroe entre el deseo de venganza y la lealtad a la figura del Rey. Accidentalmente mata al padre de su amada Laura.


    A medida que avanza la colección, las desgracias se acumulan sobre Raimundo, calumniado por su amada, traicionado por su rey y por si fuera poco contrae la lepra. Todo ello aderezado con enfrentamientos con wikingos. Temibles forajidos y piratas: Los Normandos, que procedían de los actuales países escandinavos. Eran grandes degolladores y violentos incendiarios. Las gentes de nuestros litorales y riberas fluviales reconocían con facilidad sus barcos, porque solían tener altas proas y popas. Las primeras iban decoradas con cabezas de dragón (drakkars) y de serpientes (snekkars).

    Estos piratas, que solían llamarse asimismo "wikingos", se hacían
    anunciar con caracolas. Esas inconfundibles bocinas llenaban de ecos las riberas marítimas y fluviales, empujando a las aterrorizadas gentes hacia el interior.

    También intervendrán, en sus aventuras, los mongoles, en suma: abordajes, peleas contra el moro, desafíos en torneos, nobles traicioneros, etc.

    Finalmente el premio a tanta desventura viene del cielo: el espectro del padre de Laura se aparece a ésta bendiciendo sus esponsales con Raimundo, ahora curado de la lepra gracias a un milagro que acontece al culminar su peregrinación por Tierra Santa.

    .
    José Ortíz y El Duque Negro

    José Ortíz no cambia en El Duque Negro su estilo, ese estilo deudor de lo que se ha denominado escuela Valenciana, pero lo mejora ostensiblemente, mostrando un gran dominio de la puesta en escena e incorporando al ambiente una iluminación especial de la que carecían otras obras suyas, a lo que debemos añadir un excelente pulso narrativo que en ningún momento se pierde.

    Si bien no puede decirse con propiedad que los diez números dibujados por Ortíz, sean una obra maestra, las imágenes que destilan son lo suficientemente atractivas y poderosas como para que retengan toda nuestra atención

    Ya habíamos disfrutado antes con lo que José Ortíz podía ofrecernos, es uno de los artistas más conocidos y admirados de nuestro tiempo, tanto en España como internacionalmente. El conjunto de su obra avala la figura de este autor que ha sabido crear un estilo propio e inconfundible.

    Manuel Gago y El Duque Negro

    En la monumental obra de Gago encontramos series afortunadas y
    otras de corte más irregular, aún así, unas más que interesantes
    series de lectura muy recomendable. Son unos tebeos próximos a nosotros pero con peculiaridades diferenciadora del tebeo actual. Gago fue un autor que conocía perfectamente los entresijos del mundillo del tebeo.

    El dibujo de Gago en El Duque Negro es simple y directo, y sus dibujos pueden parecer bocetos en algunas ocasiones. Y aún así, su dibujo es sumamente narrativo, vigoroso y dotado de una destacada sensación de movimiento. En resumen un dibujo vivo y enormemente ágil.

    Indudablemente, Manuel Gago merece figurar entre los mejores historietistas españoles de todos los tiempos. La afirmación no está solo basada en el placer que muchos encontramos en nuestra adolescencia en los tebeos de Gago.

    Con su manera de crear personajes vivaces y vitales, nos proporcionó un mundo de fantasía que hizo se nos olvidaran las precarias condiciones en que nos movíamos. Sumele a todo esto acción rápida, agilidad descriptiva y narrativa y conden-sación en los acontecimientos.

    Todos lo hemos disfrutado, todos los pertenecientes a esa generación que aprendió a leer con sus tebeos, embebidos en las imágenes de sus mágicas páginas.

    Ya desde sus primeros trabajos, Manuel Gago se destacó como uno de los autores más interesantes de aquel colectivo de autores que surgieron en nuestra posguerra, con un estilo marcadamente personal.

    El Guionista: Pedro Quesada

    Pedro Quesada nos ofrece de nuevo un personaje trágico y atormentado en un apasionante relato, en el que mezcla con su pericia característica el detalle histórico y los tópicos más desquiciados de la narrativa decimonónica para construir un cóctel de acción de ritmo vertiginoso. El Duque Negro es una serie que muestra a un autor maduro y en pleno dominio de sus facultades narrativas; uno de los mejores logros de un guionista apasionante.

    El nombre de Pedro Quesada está asociado a nuestros tebeos de toda la vida, a ese arte que es la historieta y que en nuestro país no se asocia a la cultura, siendo como es una de las manifestaciones plástica y narrativas más importantes del siglo veinte. Fueron tantas y tanta historias… y lo que era mucho más importante, de muy diversas temáticas.


    En resumen

    Frecuentemente se ha atacado a los tebeos en el franquismo basándose en elementos externos a estos: se pueden condenar por razones políticas, sociales o bien, y en el caso más general: por tener demasiado éxito, y ello, en ocasiones, sin haberse tomado el trabajo de leerlos y ver sus méritos o desméritos. Sin tener en cuenta las condiciones en que debían realizar su trabajo y.. lo más importante, que en aquellos duros años los tebeos nos invitaban a un viaje. Un viaje entre la imaginación y la realidad, entre la fantasía y la historia, y donde sobre todo había mucha magia. Tebeo a tebeo me fueron mostrando un mundo distinto al que conocía hasta ese momento, pero no por nuevo me era extraño. Tebeo a tebeo fueron abriendo para mí puertas de moradas donde habitaban dioses, princesas, castillos, reyes, tribus... Resultaban deslumbrantes y cálidas a la vez.

    Tras su lectura, El Duque Negro nos deja el regusto magnífico de haber disfrutado de una historia emocionante en la que todos los recursos del tebeo están bien empleados y puestos al servicio de lo que se narra, logrando la coherencia del relato sin fatigar ni atosigar al que lee.

    Manuel López.
    Bitácora con monográfico al respecto y aporte personalizado: Hasieran.


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