sábado, 9 de mayo de 2009

Emilio Boix. Gags Imposibles. por Manuel López




Memoria sentimental en blanco y negro

Parecería que existe un espacio intermedio entre lo vivimos en el presente y lo que, de nuestra vida, ya ha pasado a la historia; ese espacio es lo que solemos nombrar como “memoria sentimental”. Son recuerdos cargados de significado sentimental, momentos vividos de una intensidad incomparable, de aquellos instantes en los que se invistieron de  tal categoría. Y precisamente por ello es por lo que se guardan como recuerdos, para retomarlos de vez en cuando y sentir todavía su pálpito a través del tiempo.

Se viven muchas horas y algunas pasan al olvido directamente, pero las horas y las vivencias que han sido incorporadas al tiempo sentimental de cada cual, ésas no pueden pasar al olvido. Puede que sea la desconexión con la realidad presente, la que abre la tapa de los recuerdos de la infancia para que emerjan de ella lo que el inconsciente de la persona quiere volver a tener en sus manos.

Y la verdad es que con ello recogemos tiempos, sentimientos, alegrías y penas, con eso recuerdos de los que todavía o quizá nunca  podremos  desprendernos. Son  nuestra historia importante y cercana.

Te preguntarás por qué se me ocurre escribir sobre esto aquí, precisamente aquí, y es que Emilio Boix y su obra forman parte del paseo, que de vez en cuando, doy por la “memoria sentimental”. Los recuerdos de un niño de seis o siete años leyendo una historieta de Hipo, Monito y Fifí,  es su primera lectura verdaderamente espontánea y motivada. Lee porque  quiere  saber qué ocurre, no porque se le ha encargado ese deber. Lee por sí mismo, no para otros.

Quizá sea el momento de echar la vista atrás para fijarnos en un autor que demuestra que un buen tebeo no tiene nada que ver con splash pages.

Emilio Boix forma parte, junto a los Cabrero Arnal, Jaime Tomás, Riera Rojas, Escobar, Moreno Niel, Sabatés, Salvador Mestres, Farrell, y Darnís,  de lo que se ha denominado como la primera generación profesional de la historieta española. En manos de este conjunto de dibujantes, la historieta española experimentó una evolución decisiva entre 1934-1937. 


Emilio Boix, gags imposibles

Al hablar del contenido de un tebeo sin adquirir plena conciencia de que lo que todo tebeo exhibe es, para decirlo de algún modo, pecar de la mayor ingenuidad; es suponer que la realidad que exhibe el tebeo es un recorte de la "realidad".

Por todo lo antes dicho, analizar con pertinencia un tebeo requiere hablar de su lenguaje, tanto como, por ejemplo, hablar de la novela requiere del conocimiento reflexivo de la lengua escrita, de sus posibilidades significantes, de sus vericuetos, de sus alcances y sus convenciones. Todo discurso analítico sobre el tebeo debe comenzar por preguntarse, con detenimiento, cómo está constituido su lenguaje.  

En las historietas de Emilio Boix, la sucesión de acontecimientos parece ajustarse a una lógica impecable mientras uno lee la historieta pero se revela un disparate total cuando uno vuelve a pensarlo una vez terminada. Todo se sucede a un ritmo frenético. 

Boix demuestra que posee todos elementos clásicos para encarar una narración y que los sabe usar a la perfección, sin aburrir, sin abusar de la cantidad de gags, sin situaciones gratuitas y haciendo crecer la historia con gags imposibles, mucho slapstick. Todo es bastante arbitrario pero divertido, construido magistralmente sumando diversos sucesos y aplicándolos todos a la vez, en el desenlace, con precisión suiza.

El rigor en la forma de trabajar de E. Boix, sin perder de vista nunca el objetivo principal de hacer reír, se hace evidente en la construcción de algunos gags. Boix brinda siempre al espectador los elementos para que éste anticipe el chiste, pero luego de cumplir con esas expectativas, vuelve sobre el asunto y le da al gag un nuevo remate y luego otro y luego otro, hasta agotar sus posibilidades y sorprender y atrapar hasta al lector más reacio a entrar en el juego. E. Boix cautiva al lector y provoca una admiración que fácilmente deviene en fanatismo.

Emilio Boix, en sólo unas viñetas o pagina, consigue reunir algunos de los gags más conseguidos y jugar con los recursos historietisticos hasta ponerlos de cabeza, todo eso sin dar tiempo al lector para recuperarse de las carcajadas. Todas las historietas de Boix, admiten ser disfrutadas en diferentes niveles, la puesta en escena y una estructura narrativa que justifica la inclusión de los disparates más delirantes

Volviendo la vista atrás

La vida de cualquier persona está llena de momentos intranscendentales, que no implican un antes y un  después relevante, ni  tan sólo un  mínimo cambio en  ningún aspecto. Lo aceptamos como una realidad ineludible y, aún que de forma individual cada uno de estos momentos parece que no nos aporta nada, al cabo de los meses, quizá de los años, en conjunto y cuando lo vemos con tanta perspectiva como sin prejuicios, descubrimos que sí que han sido sucesos que nos han condicionado de alguna manera. Una de las épocas más llenas de momentos estúpidos es la adolescencia y, paradójicamente, también es un pozo donde, posteriormente, sacaremos muchas facetas de nuestro carácter.

Volviendo la vista atrás, surge uno de los más agradables momentos de aquella adolescencia: la lectura de tebeos. Reconozco que siento admiración por los tebeos postbélicos y que me duele que los niños y adolescentes no lean más que mangas y superhéroes, es decir tebeos que no son ni españoles ni europeos, donde pienso que existe una mayor variedad temática y estilística.
Emilio Boix es un autor de historietas que alegró la vida al lector, que nos hizo pasar muy buenos ratos, especialmente con Hipo, Monito y Fifí; Bob-Ayna y Pat-Acón; Nicrostato Mochales; Cartapacio y Seguidilla en la colección pipa; Nicomedes Camueso; Tontolote y Pirulote en la colección Acrobática infantil; personajes que solían desencadenar 
una serie de situaciones graciosas que conseguían arrancarnos una carcajada sana, de aquellas que tanta falta nos hacían en aquellos tiempos. 

Hipo, Monito y Fifí

Hipo, Monito y Fifí constituyen esa familia en la cual los pequeños se burlan de los grandes estableciendo relaciones con un mundo que recuerda mucho al mundo de los dibujos animados y que  influyó, además, en otros tebeos como Yumbo o Pumby en los que se muestran grupos de animales conviviendo en una idílica amistad.

E. Boix es un genio en el dibujo de animales andromorfos y lo demuestra en esta serie en la que el argumento es una trepidante sucesión de gags de carácter cómico, como ya hemos dicho, cercano a los dibujos animados. Como señala Pablo Márquez en Circulo Andaluz de Tebeos, un mundo animal, un tanto desquiciado, lleno de coscorrones y batacazos, pero con un fondo de amable ternura.

Las relaciones del trío protagonista, son algo ambiguas aunque resulte obvio que Monito y Fifí de alguna forma están emparejados. 

Muchos autores que hace unos años eran conocidos y 
reconocidos por el aficionado, hoy en día tienen el nombre y la obra llena de polvo porque han estado abandonados a la desmemoria. Se podría creer que el  grado  de  olvido es proporcional a la calidad de su obra, pero seria caer en un grave error aplicarlo a un autor como Emilio Boix, quien fuera uno de los mejores autores de la historieta infantil y de humor.  

Hipo Monito y Fifí son unas de las historietas más hilarantes de la época, con unos gags excelentes fruto de un buen guión y unos dibujos, como ya hemos dicho, excelentes y con poquísimos primeros planos.

Sesenta años ya desde que apareció el primer cuaderno de Hipo, Monito y Fifí con guión de E. Boix. Fue en el año 1940 para unos y 1942 para otros, cuando se publicó el primer cuaderno de Hipo, Monito y Fifí en su primera época. Posteriormente en 1953 segunda época con guión y dibujos de diversos guionistas y dibujantes y que no logró ya alcanzar el éxito que la había precedido en su anterior etapa. Finalmente Hipo, Monito y Fifí se integrarían en las páginas de la Revista La Risa.

Los tebeos de Hipo, Monito y Fifí son una pequeña joya, son unos personajes cuya popularidad debería haber rebasado con éxito la barrera del papel impreso, incrementando esa innumerable lista de historias de papel que han quedado grabadas en la historia de la historieta española. 

Tontolote y Pirulote

Aunque rara vez nos detenemos a profundizar en ese punto, es innegable que cualquier personaje requiere, como característica sine qua non, una cierta permanencia. Cualquier creación artística necesita un cierto periodo de existencia para poder cumplir su cometido. No obstante, Tontolote y Pirulote, en un corto espacio de tiempo se ganaron un puesto entre los personajes más celebrados de la historieta humorística. Las historietas de Tontolote y Pirulote presentan una realidad esperpéntica de difícil credibilidad por lo exageradas, pero con una gran dosis de originalidad y sentido del humor. Son unas historietas en que todo se pone al instrumento del absurdo, configurando unas bien equilibradas historias repletas, como ya hemos dicho, de humor sin complejos. Se hace innecesario hablar de cuestiones gráficas, Boix logra plenamente sus objetivos.

En conclusión, una historieta para todos los públicos. 

Cartapacio y Seguidilla

En Cartapacio y Seguidilla (Colección Pipa), Emilio Boix utiliza un lenguaje en el que se integran perfectamente el dibujo y el texto, siendo frecuente, como en toda su obra, el uso de los usos cinéticos del cine mudo. Ello viene respaldado además por una acertada planificación del relato, que da coherencia a los distintos episodios que Boix va hilando semana tras semana. Destacando su dominio de la composición. E. Boix lleva al lector a su terreno a través de un trabajo bien  planteado  empleando agilidad y calidad gráfica, la acción es trepidante sin dar a los lectores un momento de respiro.

En Cartapacio y Seguidilla, Emilio Boix demuestra, como  en  Hipo, Monito y Fifí, su  exacto conocimiento del ritmo, su dominio económico del diálogo, su sabio control de los tiempos. En resumen, su talento como historietista.

La lectura, hoy, de esos cuadernos, nos remontan a las andanzas de nuestra infancia, en los que la historieta ejerció de catarsis amortiguadora de la afirmante y gris realidad que presidió la vida de grandes y pequeños.

Nicrostato Mochales en La Risa

Nicrostato Mochales, a menudo víctima, pero en ningún caso simple,  ligeramente sádico en ciertos momentos y en el que la influencia del cine mudo es obvia más allá de las improbabilidades de su trama, cuyos gags son herederos de las más disparatado películas Stan Laurel y Oliver Hardy.

Junto a la dimensión esperpéntica, humorística, hay, como siempre, una mirada comprensiva, ternura antes que agresividad. Es un humor esperpéntico que mediante un doble juego nos muestra que los «enfermos» o «anormales» no lo son tanto. Que quizás la insanidad radicaba en esa sociedad que los albergaba, definidora al fin y a la postre de lo que era «anormal» o «enfermizo» 

La estética de las historietas de Nicrostato está en la frescura que nace de la convicción profunda, del humor que no se busca sino que surge espontáneamente a partir de una observación socarrona, aguda, quizás compasiva. Nunca, ni en este momento ni en el resto de su obra, Boix ofrece una mirada peyorativa o despectiva 

Sus historietas son lo cómico puesto al desnudo, en claro, reducido a sus componentes más simples y esenciales. Su arte alberga efectos, recursos, resortes que, en cuanto son oprimidos un poco, se disparan como gatillos. 

En Nicrostato, Boix, apela más al esperpento, a la acumulación y, también ¿por qué no?, a la diversión ajena y la propia

El tratamiento es poseedor de un universo riquísimo que urde  alrededor  de  una simpleza narrativa aparente.

Multitud de episodios y personajes se van sumando a una situación básica que se repite al infinito

Bob-Ayna y Pat-Acón

Fue en el semanal "La Risa" donde nacería Bob-Ayna y Patacón, personajes que se conformarían como unos de las mejores de la revista y cuyas aventuras solían ser una sucesión gags visuales. 

Las aventuras de nuestros protagonistas, ofrecen al lector
 mucho más que una página humorística o un chiste verbal y visual. En sus páginas se busca y se halla una acción trepidante, de un ritmo cinematográfico, siempre adornado con ese humor tan peculiar del autor, un humor blanco, sano, inocente. Se  trata, pues, de  una obra cercana al absurdo y de una sencillez narrativa claramente surrealista que encaje perfectamente en el dominio lingüístico del lector de cualquier edad.

Emilio Boix se mueve en ese terreno con pasmosa agilidad durante años y años, produciendo cientos de ilustraciones dinámicas, que se mueven entre el gag simpático, la emoción del riesgo, un bello romanticismo, y el exquisito cuidado por el detalle. 

Una sonrisa ingenua, y trasnochada si se quiere, es la que nos ofrecen ahora aquellas viejas historietas de Bob-Ayna y Patacón, de indudables aciertos estéticos, ello sin descuidar el endiablado ritmo narrativo que Boix impone a las aventuras de sus protagonistas, siempre moviéndose de aquí para allá, puestos al servicio de la imaginación y del deseo del puro disfrute utilizando hábiles y eficaces, recursos.

Bob-Ayna y Patacón, dos soldados de las fuerzas de los Estados Unidos en la guerra de corea y que se ven en las más insospechadas situaciones, en unas historietas basadas en una formula que siempre ha tenido un notable éxito: la parodia de cualquier genero, es decir el recurso a los tópicos para provocar la hilaridad, siendo el más claro ejemplo Bob-Ayna y Pat-Acón. La parodia de la guerra de Corea desencadena una sucesión de situaciones y diálogos humorísticos fruto de una elaboración inteligentísima 
 
Nicomedes Camueso en La Risa

Las historietas de Nicomedes son de un humor "festivo" más que corrosivo, un humor que sirve más para divertirse con el toque esperpéntico del autor, a esa técnica que sabe utilizar como nadie de controlar el caos provocador de innumerables gags.

Emilio Boix es una huella constante en las publicaciones de esos años, un lector curioso puede rastrearla en cualquiera de ellas. Ello constata la impronta que Emilio Boix ha dejado en nuestra historieta. Porque él ha sido, así nos lo parece, uno de los mejores autores de la historieta de humor en nuestro país.

El arte de Emilio Boix

Hemos definido de tantos modos el arte de Boix, que indudablemente esto nos ayuda a creer que el arte de Emilio Boix es indefinible. 

Después de todo, he aquí el primer síntoma de su excepcionalidad. Es un arte que se escapa a la definición. Tiene la complejidad de no tener límites; de no ser, concretamente, esto o aquello; de no llegar hasta allí o hasta aquí (...). Nuestros elogios sobre E. Boix son  tan  abundante que ello, quizá, no sólo no le beneficia, sino que predispone  contra él. Llega  un  momento en  que el  lector desapasionado de hoy -cuando Boix ya está pasando a la Historia- se pregunta si toda su genialidad no habrá sido una fantástica hipérbole nuestra, una especie de sugestión, de imposición. 

No cabe duda que la colaboración de E. Boix en las publicaciones infantiles tuvo una gran repercusión. Cuando menos se le deben algunos de los personajes más celebrados e importantes de la misma.

"El impulso y la  necesidad de reír"

Dentro del carácter grotesco que inevitablemente revisten las historietas de Emilio Boix, éstas perviven con la misma frescura de antaño y hoy me sigo riendo como el primer día de las catástrofes provocadas por sus personajes

¿Qué es un "gag"?

"La palabra gag designa cualquier hallazgo cómico que desencadena la risa (….), permite prolongar una situación visual para hacerla bascular repentinamente y darle un nuevo sentido, un valor imprevisto" (André Martín); "el hecho de obstinarse en querer franquear lo infranqueable en vez de evitarlo dando un rodeo"(Pierre Etaix); "incidente brutal, breve y repentino, que halla en si mismo su consumación burlesca"(Francois Mars). 

Las páginas de Emilio Boix, están llenas de gags y todos estos gags tienen en común la cualidad de ser esen-cialmente visuales, de sorprendernos y divertirnos con un golpe inesperado. Y los mismos resortes cómicos mantienen su eficacia con el paso de los años Y ello por  la sencilla razón de  que sus personajes  no son unos seres deshu-manizados cuya única motivación es la búsqueda del gag por el gag mismo y provocar las carcajadas del lector.  

Esta permanencia de las historietas de Boix a través de las décadas  sólo puede significar que siempre ha existido un mercado para ella y siempre existirá: El impulso y la necesidad de reír.

Por si esto fuera poco, el humor ha significado siempre para el lector una importante válvula de escape, como critica divertida, despiadada y lúcida de personas e instituciones que éstas, de no mediar el (pretendido) atenuante de  la estilización cómica,  jamás  habrían tolerado: en este sentido el humor aparece como el desafío más eficaz y constante que hayan conocido todas las censuras de todos los tiempos.

El atractivo de las historietas de Emilio Boix es intemporal.

Todos sus trabajos nos revelan sus capacidades, sin lugar a dudas, como el genio supremo de la historieta cómica durante más de una década.

M. López

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